viernes, 4 de febrero de 2011

Pilar Sanabria Cañete: "DEPREDADOR"

El pasado 21 de enero se presentó en el Salón Mudéjar del Rectorado de la Universidad de Córdoba el libro de poemas de Pilar Sanabria, Depredador. En la presentación participaron entre otras Soledad Pérez, Directora del Instituto Andaluz de la Mujer, Mª José Porro Herrera, autora del prólogo y en el cual considera la poesía de Pilar de esta manera:

Pilar Sanabria con este Depredador ofrece a los lectores un poemario amoroso para el que surgen en el trasfondo nombres de los más afamados autores en la materia – Aleixandre a la cabeza, pero también Cernuda, Salinas, y tantos otros señalados por la crítica -, pero cuyo intenso romanticismo poético paradójicamente viene enmascarado con los velos del malditismo tan caro a otros como Gil de Biedma o Leopoldo Mª Panero, no reconocido por nadie este último, malditismo que se acompaña de la violencia y la transgresión más desgarrada en donde la poesía está lejos de ser el lugar del ensueño, de la esperanza o del puro mundo de la idea. Pilar Sanabria ha convertido su escritura en escalpelo que escudriña su interior para lúcidamente llegar a un conocimiento de ella misma.













DEPREDADOR DE LA SIESTA

Yo me espero en tu verbo,
lo consumo en el anhelo.
Nazco de tu sudor, expando su llama.
Eres mi causa desnuda
cuando en mi tacto
sujeto tu selva caliente
y su ruido amamanta mi boca
de líquidas sombras.
Dominio de espuma salvadora,
cima vivificante donde encuentro
un manso misterio de mujer.
Poder entrar en tu presencia
hacia el pleno color
de tu herida hecha infinito.
Me vences, amor,
con un movimiento delicuescente
en tus costados,
una flor sin eclipse en tus caderas,
quizá el aire cardinal de tus pechos.
En la lenta siesta de tu saliva
cuando el verano se amansa
en los dedos absolutos
que he mojado de tus ángeles.

DEPREDADOR DE TU FALTA

Quiero amar
la descreída distancia de tus brazos,
de los signos que se tienden
bajo la luz de tu perfil,
tener la memoria de tu verano rendido,
el furtivo sur de tu boca
pero no son mis deseos
los que reviven el légamo de tu cuerpo
ni la pujanza enajenada de tu hálito,
bebo un helado ácido
en la cuchara del presente,
en la furibunda media luna del teléfono,
en la desleal eternidad de tus sueños.

Muero en el sigilo
de tu ceniza en mi apetencia.
Alguien me roba a tientas tus ojos.

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